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Funciones De La Luz En La Cosmología De Giordano Bruno

"Dijo Dios: "Haya luz", y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad"
Por diferentes razones Bruno rechaza las formas del mecanicismo antiguo -la aristotélica y las atomistas- vinculadas a la cosmología, sin dejar de realizar apropiaciones de sus elementos teóricos valiosos; a partir de críticas a las mismas, desarrolla modalidades que han venido resultando cercanas a algunas tesis de la física contemporánea .
Algunos aspectos de su novedosa teoría de los elementos (concebidos éstos como materias corpóreas sensibles tanto en el aristotelismo como en el atomismo) Bruno los distingue de sus manifestaciones sensibles, todas ellas producto de los compuestos, pero asumiendo aspectos específicos que serán retomados eventualmente en forma parcial durante el siglo XVII. Justamente un punto medular de separación será su teoría sobre la luz, que refuerza sus tesis panteístas, antimecanicistas.

Giordano Bruno asumió las propuestas más revolucionarias de Copérnico -aquellas relativas a los movimientos terrestres-, difundiéndolas, fundamentándolas y, sobre todo, llevándolas a sus últimas consecuencias, muchas de éstas completamente alejadas del pensamiento de aquél: un universo infinito; homogéneo espacial y materialmente; acéntrico (donde todo sitio es centro y ninguno es periferia); sin esferas celestes; sin lugar y jerarquía natural de los elementos; ni, por consiguiente, una división entre física ‘sublunar’ y ‘supralunar’; con innumerables ‘sínodos’ (sistemas solares semejantes al nuestro), donde cada estrella-sol es el centro con movimiento de rotación y un número variable de planetas (incluyendo entre éstos a la Luna, los cometas y otros cuerpos) girando en torno a dicho centro y también sobre su eje; y muchas determinaciones más que se irían constatando, en especial a partir de las observaciones de Galileo publicadas en el Mensajero de los astros.

Semejante revolución acarreaba innumerables consecuencias, entre otras la necesidad de ajustar los principios físicos, metafísicos y gnoseológicos que permitieran la congruencia y credibilidad del nuevo sistema, de lo cual el Nolano era consciente. Así, procedió a la tarea teórica ineludible de revisar estructuralmente y en detalle el conjunto de la filosofía natural, en especial la concepción de la materia y de los elementos, como paso indispensable para fundamentar la nueva cosmología.

Para ello utilizó críticamente una enorme cantidad de precedentes, entre ellos las obras del enemigo teórico a vencer, esto es, del propio aristotelismo y de la escolástica, sin renunciar tampoco a interpretaciones de las Sagradas Escrituras, de textos considerados mágicos y de la mitología, en la medida en que reforzaran o enriquecieran los fundamentos más sólidos representados por la razón y la sensata experiencia, para que, como dice el propio Bruno refiriéndose expresamente a ideas atribuidas a Moisés y al Hermes Trismegisto, “utilicen estas metáforas de manera que no trastoquen nunca en sus afirmaciones el orden de la naturaleza” .

Es sobre todo en este contexto que Bruno hace importantes aportaciones rescatando o estableciendo diversas tesis respecto a la luz . Entre las más importantes estarán: La distinción entre los cuerpos celestes con luz propia (soles) y con luz refleja (planetas, uno de los cuales es la Tierra), en la inteligencia de que en los primeros domina el elemento ‘fuego’, que no es 'sublunar' ni se presenta en pureza, sino en compuestos (por tanto son disolubles). Mientras que en los segundos, dominan la tierra y el agua .

Los argumentos relativos a la luminosidad y las apariencias de la magnitud de los astros, incluyendo la cuestión del color de los mismos, destacando determinaciones tales como los destellos de los soles, que derivaría tanto de su actividad ígnea como de fenómenos ópticos ; La limitación de la visibilidad de los cuerpos celestes opacos (de luz refleja) según las distancias, incluyendo la tesis de que no podemos observar planetas de otros sínodos y que del nuestro; debiendo existir infinidad de cuerpos celestes no visibles, dada su lejanía, su dimensión o su débil luminosidad .

La apariencia de continuidad luminosa conforme aumenta la distancia respecto al observador; base para la confusión de grupos de cuerpos celestes luminosos a grandes distancias;Nuestra incapacidad sensorial para observar las partes opacas de los cuerpos celestes –y, por tanto, comprobar también su carácter de cuerpos compuestos, no sólo de los planetas (como le parece evidente en el caso de la Luna y nuestra propia Tierra si la viéramos desde la Luna ), sino del mismo Sol y demás estrellas, destacando la tesis de que su centro es menos luminoso que su periferia y otras ideas relativas a la luminosidad, y su impacto sobre la observación de los cuerpos celestes; incluso propone un conjunto de leyes sobre lo lúcido en el De immenso [Libro V, cap. V. {pp.132-133}] por las que se diferencia el cuerpo luminoso del opaco, las cuales "no conoce el vulgo".

Resulta muy importante la 4), donde establece que no toda luz es igualmente intensa, sino diferenciada por un cierto grado del que no tenemos ni su nombre, ni su razón ni su número , con consecuencias para la determinación de los cuerpos celestes. Que un cuerpo luminoso no pierde su diámetro sino lenta y difícilmente, mientras que el opaco, fácil y desproporcionadamente .Tampoco debemos pasar por alto la tesis de que la Luz oscurece (hoy diríamos interfiere) la luz, L. IV, c. IV, p. 24.

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