Lo que hoy en día es una concepción más o menos generalizada del universo (que se traduce ampliamente incluso en una serie de auténticos prejuicios, en la medida que con frecuencia aceptamos sus tesis y aspectos sin mayor crítica y fundamentación, hasta con indiferencia, dando por consabidos y probados sus temas básicos, con una buena dosis de credulidad ciega en la ciencia y en los científicos), es, sin embargo, el producto de un laborioso, complicado y difícil desarrollo a lo largo de la historia humana, cuya fase moderna se inició en el Renacimiento y que comúnmente conocemos bajo el nombre genérico de 'Revolución copernicana' , sobre la cual no sólo se montó el desarrollo de la astronomía y de la cosmología, sino también constituyó el más importante cimiento de la nueva física y de la ciencia moderna en general.
En nuestros días, casi cualquier sujeto en casi cualquier parte de 'nuestro planeta', con un mínimo de educación escolar y cultura, sabe, cree o al menos considera probable que: la Tierra se mueve cada veinticuatro horas sobre su eje, y cada 365 días y fracción en torno al Sol; que el Sol, que es una estrella, es el centro de nuestro sistema solar, el cual se halla junto a otros miles y miles de millones de sistemas formados por estrellas como él, aunque con distintas dimensiones, en la 'Vía Láctea'; la cual no es más que una entre otras innumerables galaxias; que alrededor del Sol se mueven en órbitas elípticas los planetas Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón, algunos con sus propias lunas; que las distancias astronómicas son enormes en comparación con las terrestres, al grado de tenerlas que medir en 'años luz'.
Que la supuesta cercanía entre las estrellas es sólo aparente; que el espacio es inmenso, si no es que infinito; que el universo es acéntrico o, si se prefiere, tiene una multiplicidad de centros relativos; que en él, sostenidos en complejísimos equilibrios de campos magnéticos, existen innumerables cuerpos y conjuntos de cuerpos celestes con movimientos, entre otros los de rotación y traslación; que están compuestos de una misma estructura material, es decir, de una materia más o menos homogénea, manifestada en múltiples elementos dada su estructura atómica, sin que existan privilegios substanciales; que su materia está sujeta a múltiples transformaciones, incluyendo la posibilidad de una enorme cantidad de formas, dentro de las cuales la existencia de seres vivos y, entre ellos, seres tan o más inteligentes que los seres humanos; etc. etc.
Les ruego me disculpen por esta pobre síntesis de los lugares comunes que les acabo de espetar; pero precisamente eso es lo que quería destacar, que muchas tesis que actualmente pueden ser consideradas como lugares comunes, como verdades consabidas, como algo casi obvio y elemental, hace cuatro siglos estaban sujetas a ataques furiosos, acometidas por todo tipo de polémicas, discutidas como ideas falsas, improbables, 'fantasiosas' o incluso 'impías', y que eran causa suficiente para conducir sabios a los tribunales, llevarlos a presidio y ser quemados vivos. Que varias de ellas seguían siendo consideradas como tales hasta hace relativamente poco tiempo, y que muchas otras que eran pensadas en aquel entonces como verdades científicas demostradas, comprobadas e 'indiscutibles', ahora resultan superadas, desechadas y hasta condenables.
La forma en que concebimos el universo constituye un fenómeno de conciencia social particularmente importante, pues en él encuadramos el conjunto de nuestras prácticas y resto de ideas; es producto de un largo y penoso proceso histórico, pero que en nuestro caso comenzó a generalizarse y popularizarse apenas en el siglo pasado, y es fundamentalmente un resultado del nuestro, especialmente impulsado y acelerado por la carrera espacial. Más aún, muchas de sus manifestaciones son tan recientes, como de los últimos años; y muchas nuevas tesis no alcanzan todavía siquiera a madurar cuando ya están siendo rebasadas por otras nuevas (por ejemplo, las estructuras estelares de 'burbujas', los planetas 'vagabundos', etc.).
Para no abusar excesivamente de su paciencia en relación a algo que, en menor o mayor medida, forma parte de su cultura cotidiana, simplemente sugiero se pondere lo logrado en menos de diez años gracias tan sólo a las observaciones que ha hecho posible el telescopio espacial Hubble; en fin, ni qué decir respecto a otra infinidad de desarrollos científicos y tecnológicos que constantemente nos están ampliando, a la vez que quebrantando, nuestras imágenes previas del universo. Pero, contrariamente a lo que algunos científicos e historiadores de la ciencia plantean, este desarrollo no es un producto que se dé en la esfera pura de la ciencia.